Ahí afuera hay un mundo en el que no te encuentro.
Acá adentro, cierro los ojos y te veo, te siento junto a mí en la misma cama en la que nos mezclamos tantas tardes, tantas noches, tantas mañanas.
Se confundían las manos, las piernas, los ruidos.
No sé si la saliva era tuya o mía.
No distinguía de quién eran las uñas, los labios mojados, las gotas que había en mi cuello.
No sé qué parte era tuya y cuál no. No importa. Todo eso era nuestro.
Ahí afuera hay un mundo en el que ya no estás. Es ahí donde vivo.
Aunque a veces vengo acá para sentirte un ratito, nada más.
Y acordarme cómo es el amor que allá afuera no encuentro.
martes, 12 de mayo de 2009
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